El viejo símil que compara a las futuras generaciones con una
almáciga, es decir, con un suelo en que se siembran las semillas para que, una
vez brotadas y florecidas se trasladen a otros lugares a fin de suplantar los
árboles vencidos por los años, que no pierde un ápice de lozanía con el tiempo
que pasa y se renueva.
Las actuales circunstancias que hoy afecta al Reino Unido con
relación al referéndum para continuar o no en la Unión Europea no pierden valor
en esa significativa metáfora. Hoy
existe una trémula e insoslayable diferencia entre gobernados y gobernantes con
relación a este elemento que encierra más que una simple concepción.
Los anhelos y deseos
contradictorios que se manifiestan en el seno de la sociedad inglesa son un afán
de obtener un sentido de pertenencia en el núcleo de un grupo aparejado de un
deseo de distinguirse de las masas, en este caso la Unión Europea, no es más que el dilema entre el sueño de
independencia y el sueño de pertenecer o más bien es la demanda por la autonomía
y el deseo de ser como los demás.
Todas esas contradicciones es el epítome en que se reduce el
conflicto en la necesidad de darse la mano en un anhelo de seguridad y la
necesidad de soltarse en un anhelo de libertad. Si lo vemos desde otra perspectiva es el
miedo a ser diferentes contra el miedo de perder la individualidad.
Tal como existe en toda relación, la seguridad y la libertad
no pueden existir una sin la otra, pero su coexistencia no es fácil. La seguridad sin libertad equivale al
aislamiento y la libertad sin seguridad incita una incertidumbre crónica que
amenaza con tambalear los cimientos en que descansa la sociedad. En fin, una depende de la otra pero al mismo
tiempo se excluyen mutuamente.
Cualquier tentativa para lograr un equilibrio o armonía entre
esos valores suele ser incompleta, insuficientemente satisfactoria, demasiado
inestable y frágil como para brindar un aura de certidumbre. De ahí, que los intentos de conciliación nunca
logren el objetivo tan tenazmente
buscado. La cohabitación de la seguridad
con la libertad nunca dejará de ser tempestuosa y sumamente tensa-carpe díem- para que el Reino Unido deje de lado la ambigüedad sobre el futuro de las
semillas que vienen de la almáciga y que entiendan que por encima del triple
poder, económico, militar y político, al otro lado de la baranda existe un
poder más fuerte que el de la posesión de riquezas y armas: el poder de la desesperación.
Ojalá que este referéndum y sus conclusiones
sobre el futuro del Brexit difunda sus conclusiones para que alcance a sus
genuinos beneficiarios y destinatarios:
El pueblo inglés. 
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