Saturday, June 18, 2016

Reunión Manierista.


El aire de ingenuo regocijo que anima a ciertos de nuestros coetáneos por haber servido este país de sede para la Reunión de la Organización de Estados Americanos (OEA), no debería de contagiarnos ni a nosotros ni a ninguna nación del continente, despertando uno de esos fugaces optimismos que son tan leves y pasajeros como la rápida euforia que producen los gratos licores violentos.

La meta que se persiguió en ese cónclave fue entre otros despropósitos corroer la base de la sociedad: la familia y al mismo tiempo impregnarnos de  culturas e ideologías que no están enraizadas en nuestras costumbres.

Una conferencia más.   ¡Pues no!   Esta fue una conferencia manierista, de la misma forma que Jackob Buckhardt, utilizó ese término para definir de manera peyorativa el arte italiano entre el Renacimiento y el Barroco.

Que distinta hubiese sido esta reunión, si en vez de atentar contra los valores morales y éticos de nuestra sociedad hubiesen promulgado por aunar esfuerzos para la estabilización de los precios de los productos básicos.   Justa y equitativa nivelación del intercambio comercial.  Que los bienes manufacturados en nuestras zonas francas, no regresen a nuestros puertos, mejorados y embellecidos por la industria tecnológica, a tan subidos costos que, al adquirirlos, nos cobran lo que nos pagaron, más un margen increíble de ventaja.

Es una pena que en esta reunión no se haya tomado en cuenta las necesidades del Monsierur La Police, en Francia, L’uomo qualunque, en Italia, el common man, en Estados Unidos, el hombre de la calle, en nuestros países subdesarrollados.

No estoy sembrando malquerencias.   Mi pretensión – pura pretensión, porque  ¿Qué puede hacer una pluma tropical contra los fabulosos intereses de esa poderosa organización? – es hacer saber que estamos despiertos, que tenemos conciencia de lo que padecemos y lo que se nos está vendiendo.

Que no suban demasiada confiadas las esperanzas de la OEA de que lograron sus objetivos para que la caída sea menos estrepitosa.  Que no se repita de nosotros lo que Renan expresó en un momento conflictivo de la vida de Francia: “Vivimos hoy de brillantes fantasmas, de sombras, de fragancias de un ánfora vacía  ¡Quiera el cielo que mañana no vivamos de sombras de sombras!



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