Friday, July 1, 2016

La virtud de saber vivir.


Ha sostenido Bergson –con gran acopio de regocijantes y convincentes ejemplos- que la risa tiene su causa y raíz en el enérgico y violento contraste que crea la desproporción.   Tomo el concepto de sabiduría de la vida en el sentido de hacer de la vida lo más dichosa posible;  el método para lograrlo puede llamarse           “edemonología”: ciencia que trata de la existencia feliz.

Un gigante con atiplada voz de fémina histérica hace estallar al punto de los mecanismos psicológicos de la hilaridad.  Nos resulta cómico un buen hombre que a nivel de la calle, tocado de un bombín muy diesciochesco, con un cúmulo de libros bajo el brazo, se proclama, muy en serio y en carácter, Doctor de la Escuela Médica de París, ciudad que no ha visto ni en estampas.

En efecto, para el bienestar del hombre y su existencia, es más importante lo que está en su interior o lo que procede de él.  Aquí procede de manera directa su dicha o su desdicha.   De su interior viene su sentir, querer y pensar; mientras que todo lo que se sitúa fuera de él solo ejerce una influencia indirecta.

Es por esta razón y no por otra, que idénticos acontecimientos externos afecten de forma diferente a cada uno de nosotros.  El mundo en que se vive depende, ante todo, de la interpretación que se tenga de él, la cual es distinta según sea el enfoque de  las diferentes cabezas.  Se habla siempre y mucho que las cabezas de los hombres es como una casa de cristal.  Pero cuando nos asomamos comprobamos que son ciertamente cristales…..pero ahumados.

Nadie hubiera esperado, así de turbias andan las cosas, que en una comunidad como la nuestra, se hayan disparado los índices de suicidios, feminicidios y asesinatos de toda índole principalmente entre mozas núbiles, madres que se sienten descaminadas y sin brújulas que dejarían con pasmos a los profetas de catástrofes.   La psicología en este tipo de acontecimientos juega un papel importante.  Mientras, el melancólico ve una escena de tragedia donde el sanguíneo observa un conflicto interesante y el flemático algo sin importancia.

Sin embargo, tampoco deja de ser cierto que cada quien esta embutido de su conciencia como lo está en su piel y solo vive en ella y de que tan fuertes o sin moralina sean sus bridas.  En conclusión, todo esplendor y todo gozo reflejados en la conciencia de un necio resultan pobrísimos frente a la conciencia de un Cervantes cuando escribía Don Quijote encerrado en una incómoda prisión.  Por eso dice Goethe: “Pueblo, siervos y señores /proclaman a no dudar/ que la dicha mas cumplida/ de los hijos de la Tierra/ es la personalidad.

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