Ha sostenido Bergson –con gran acopio de regocijantes y
convincentes ejemplos- que la risa tiene su causa y raíz en el enérgico y
violento contraste que crea la desproporción. Tomo el concepto de sabiduría de la vida en
el sentido de hacer de la vida lo más dichosa posible; el método para lograrlo puede llamarse “edemonología”: ciencia que trata de la
existencia feliz.
Un gigante con atiplada voz de fémina histérica hace estallar
al punto de los mecanismos psicológicos de la hilaridad. Nos resulta cómico un buen hombre que a nivel
de la calle, tocado de un bombín muy diesciochesco, con un cúmulo de libros
bajo el brazo, se proclama, muy en serio y en carácter, Doctor de la Escuela Médica
de París, ciudad que no ha visto ni en estampas.
En efecto, para el bienestar del hombre y su existencia, es
más importante lo que está en su interior o lo que procede de él. Aquí procede de manera directa su dicha o su
desdicha. De su interior viene su
sentir, querer y pensar; mientras que todo lo que se sitúa fuera de él solo
ejerce una influencia indirecta.
Es por esta razón y no por otra, que idénticos acontecimientos
externos afecten de forma diferente a cada uno de nosotros. El mundo en que se vive depende, ante todo,
de la interpretación que se tenga de él, la cual es distinta según sea el
enfoque de las diferentes cabezas. Se
habla siempre y mucho que las cabezas de los hombres es como una casa de
cristal. Pero cuando nos asomamos
comprobamos que son ciertamente cristales…..pero ahumados.
Nadie hubiera esperado, así de turbias andan las cosas, que
en una comunidad como la nuestra, se hayan disparado los índices de suicidios,
feminicidios y asesinatos de toda índole principalmente entre mozas núbiles, madres
que se sienten descaminadas y sin brújulas que dejarían con pasmos a los
profetas de catástrofes. La psicología en
este tipo de acontecimientos juega un papel importante. Mientras, el melancólico ve una escena de
tragedia donde el sanguíneo observa un conflicto interesante y el flemático algo
sin importancia.
Sin embargo, tampoco deja de ser cierto que cada quien esta
embutido de su conciencia como lo está en su piel y solo vive en ella y de que
tan fuertes o sin moralina sean sus bridas.
En conclusión, todo esplendor y todo gozo reflejados en la conciencia de
un necio resultan pobrísimos frente a la conciencia de un Cervantes cuando escribía
Don Quijote encerrado en una incómoda prisión.
Por eso dice Goethe: “Pueblo, siervos y señores /proclaman a no dudar/
que la dicha mas cumplida/ de los hijos de la Tierra/ es la personalidad.

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