Saturday, July 16, 2016

Terroristas Noúmenos.


Resalta, con fuerza de evidencia, el clima de inseguridad que vive el mundo que gradualmente y sin detenerse se va a la carrera formando.   Ningún país, por hermético y bien guardado en su intimidad, representa a lo que parece, obstáculos insalvables para el crimen osado e inescrupuloso de los terroristas.

Creo, muy humildemente, que un elemento para comprender la psicología de estos radícales yihadistas es por un momento calzarnos sus cáligas.    Decía Shopenhauer que  todo lo que hacemos como  todo lo que dejamos de hacer, tenemos en cuenta la opinión ajena y del temor a ella veremos surgir al menos la mitad de los desvelos y angustias que hayamos sufrido.   Y para ilustrar lo dicho por Shopenhauer, les relato un pasaje tomado del Times con fecha de 31 de marzo de 1846, acerca del informe exhaustivo sobre la  ejecución de un tal Thomas Wix, un artesano aprendiz que asesinó a su patrón por venganza:

“En la mañana del día señalado para la ejecución, el reverendo capellán de la prisión fue a reunirse previamente con el condenado.  Pero Wix, aunque se comportaba con tranquilidad, no mostraba ningún interés por sus exhortos, antes bien, su única preocupación parecía ser la de mostrar una extrema valentía ante la multitud que iba a presenciar su ignominioso fin.  Y lo consiguió.  Hallándose en el patio que debía cruzar para llegar hasta el patíbulo, elevado junto a la cárcel, dijo: ¡Pues bien, como decía el doctor Dodd, pronto conoceré el gran misterio!  Aunque tenía las manos atadas, subió las escaleras del cadalso sin ninguna ayuda; una vez allí, hizo unas reverencias a derecha e izquierda dirigidas a los espectadores,  a los que la multitud allí reunida correspondió en recompensa con ensordecedores muestras de aplauso y jubilo!”   Es decir, teniendo ante los ojos a la muerte no pensaba más que en la masa de papanatas congregados y en la opinión que iba a dejar en sus cabezas. 

Estos terroristas radicales sufren del síndrome Kantiano de los Noúmenos que se caracteriza entre otras cosas: La realidad está en si mimos, nunca los podremos conocer, son independientes de las masas, los conoceremos tal como se nos presenten, es decir, como “fenómenos” y toda causa tiene un efecto.

Donde les quiero conducir en este paseo, parecido al que Aristóteles hacia con sus alumnos los peripatéticos, es que el efecto publicitario -como resultado de la rapidez con que viaja la información- lejos de alertarnos sobre los peligros que acechan, lo que provoca   en la psicología de esos criminales es  una especie de placebo que los hace lucir ante la muchedumbre como famosos dignos de admiración e imitación.  Si no corregimos, mutatis mutandis, siempre habrá muchos seguidores de naturaleza levantisca, díscolos que buscarán asociarse e imitar la acción de estos extremistas como cuando los tirios  arremetían contra los troyanos.

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