Las grandes potencias del mundo en su afán por convertir sus
naciones en países industrializados, crean fábricas, industrias y
transportes que emiten gases (principalmente dióxido de carbono) que se
acumulan en la atmosfera. Estas emisiones de gases van corroyendo la
capa de ozono lo que provoca que los rayos solares atraviesen más
fácilmente la atmosfera y peguen más fuertemente al planeta. Pero al
mismo tiempo, impide que las radiaciones infrarrojas que produce el
planeta salgan al espacio. Es decir, convierten al planeta en una
especie de olla a presión con todos nosotros adentro.
Que consecuencia trae esto para el planeta incluyendo a la República Dominicana?
Esto provoca un incremento de fenómenos naturales que por su
intensidad, al producirse fuera de tiempo y de espacio se convierten
en catastróficos. Cuando los científicos empezaron a estudiar este
problema, la distorsión climatológica más conocida era el “Fenómeno del
Niño.” Este fenómeno caracterizado por lluvias intensas se producían
en aguas de superficies cálidas ubicadas en el océano pacifico
principalmente frente a las costas de Perú y Ecuador. Se le dio este
nombre porque este fenómeno se producía regularmente en la época de
navidad. Pero resulta, que ahora el “Fenómeno del Niño” se replica en
cualquier época del año y distintos lugares del planeta dejando de ser
su preferido la línea ecuatorial.
De esto se desprende que en la
República Dominicana, se sucedan fenómenos climatológicos extraños a
los cuales no estábamos acostumbrados. De periodo de intensas
sequias pasamos a periodos de intensas lluvias que destruyen nuestras
infraestructura (carreteras, puentes, deslizamientos de tierra,
desbordamiento de ríos etc...) afectando de manera negativa la economía
del país. Recientemente, corría en las redes sociales (muchas veces
en forma jocosa) el incremento del precio del plátano como paradoja a
que vivimos en una isla bananera. Si bien es cierto que la cadena de
comercialización de los productos agrícolas aumenta el precio final de
los productos, no es menos cierto que la sequia y las inundaciones
destruyen las plantaciones sin que los agricultores puedan predecir
(como lo hacían antes) cuando es el tiempo de sembrar y por ende de
cosechar. Como consecuencia, nos vienen periodos de escasez de estos
productos que disparan el precio de la canasta familiar. Como
resultado, los gobiernos tienen que autorizar importaciones puntuales de
los productos que escasean para de esta forma apalear la demanda y
bajar los precios de los alimentos. Pero estas importaciones hay que
pagarlas con divisas, que tampoco nos sobran, provocando esto que se
tenga que realizar ajustes en la política monetaria del país por
situaciones imposibles de planificar. Fíjense donde termina el asunto
que comenzó con una simple lluvia. Nuestro país es eminente agrícola
donde muchos dominicanos viven del producto de la tierra, sin embargo,
parece que el daño que se la ha hecho al medio ambiente ya es
irreversible.
Por otro lado, tenemos a las grandes
multinacionales que depredan los pulmones naturales del planeta como es
la selva del Amazonas, solo movidos por el afán de lucro y objetivos
mercuriales.
Pero que podemos nosotros hacer como país vulnerable
para apalear este problema originado principalmente por las países
industrializados?
Pues bien, pongamos nuestro grano de arena
cuidando nuestros bosques, evitando la deforestación, eliminando la
extracción de material de las orillas de los ríos, reforestemos las
zonas acuíferas en que se originan los ríos y sus afluentes, no
lancemos materiales no biodegradables en nuestros mares, limpiemos
nuestras costas de la basura, construyamos presas para de esta forma
poder tener agua suficiente para regar la tierra en tiempos de sequia.
Protejamos nuestros parques nacionales, aprovecho la ocasión para
felicitar a los tribunales del país que evacuaron sentencias
desconociendo los títulos de Bahía De Las Águilas. Cuidemos el Lago
Enriquillo y con ello las especies en peligro de extinción que habitan
en éste. Cuidemos la zona de los Haitises de la depredación humana,
donde Dios nos ha dado la gracia de tener una geografía única de admirar
y difícil de encontrar en otras naciones. Es imperativo que nuestras
calles y avenidas dejen de ser el escenario de ese pandemonio de
atascos que se originan en las “mal llamadas” horas picos, en vista de
que ya no sabemos cuáles son las buenas.
Consigna Patriótica.
La próxima semana se celebrará en París “La Cumbre Del Clima” por lo
que hago un llamado a los representantes de nuestro servicio exterior,
que como país vulnerable a las consecuencias del calentamiento global,
que tengamos una presencia en este fórum internacional y presentemos una
posición firme ante las grandes potencias diciéndoles: “Que la tierra,
es anterior al hombre; que es un don de Dios y que todo aquel que
atenta contra ella, está cometiendo un crimen contra la raza humana y
contra Dios mismo”.

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