Ínclita ciudad que alborotada estás,
pareces una novia nerviosa
antes de subir al altar,
poblada de sueños hacia la imaginada urbe que te ha de esperar.
Sus cuadras se repiten inalcanzables
ante el adusto sol, las hojas de los árboles parecen insuficientes para con su sombra apagar el aire incandescente que hemos de respirar.
Mientras distintas imágenes pasan por mi cabeza, la ciudad a la que canto persiste en su desparpajo,
sin sentarse tranquila en la mesa,
a la hora que le sería fácil a Dios,
contarnos su histórica belleza.
Eres una cenicienta apenas bosquejada
por muladales, templos y patios
que con el cantar del ruiseñor
hacia el río reflejas tu glamour.
Pero de nuevo el mundo te ha salvado
y sin ningún remordimiento me presto,
en complicidad con el ingrato día
para que a ningún almuédano se le ocurra, gritar que mueres de agonía.
ante el adusto sol, las hojas de los árboles parecen insuficientes para con su sombra apagar el aire incandescente que hemos de respirar.
Mientras distintas imágenes pasan por mi cabeza, la ciudad a la que canto persiste en su desparpajo,
sin sentarse tranquila en la mesa,
a la hora que le sería fácil a Dios,
contarnos su histórica belleza.
Eres una cenicienta apenas bosquejada
por muladales, templos y patios
que con el cantar del ruiseñor
hacia el río reflejas tu glamour.
Pero de nuevo el mundo te ha salvado
y sin ningún remordimiento me presto,
en complicidad con el ingrato día
para que a ningún almuédano se le ocurra, gritar que mueres de agonía.

No comments:
Post a Comment