Hoy fui al supermercado a suplirme de algunos alimentos que andan de moda para la salud. Como no soy un asiduo tertuliano de esos lugares probaba, a suerte de venteros, encontrarlos sin ayuda de algún parroquiano que tuviera más destreza que yo en esos menesteres
Mientras me parecía estar en una historia de aventuras entre envases de todos los colores, formas y tamaños pasaba de manera agradable la ociosidad de la mañana.
Mientras me parecía estar en una historia de aventuras entre envases de todos los colores, formas y tamaños pasaba de manera agradable la ociosidad de la mañana.
Cuando de repente al otro lado de la góndola escuché, de manera inconsulta pero sin pretensión, una conversación entre dos personas de correcta retórica y fluida pronunciación. Había uno que le decía al otro: “fulano, tenemos que hacer algo; tú sabes la cantidad de jóvenes que yo los vi crecer, alimentarse y jugar frente a mi casa que no llegan a los 18 años y hoy están muertos.” Se refería a jóvenes de su sector que han caído abatidos a tiros en enfrentamientos con la Policía por distintos motivos y circunstancias. A lo que la otra persona le respondió: “Mira yo tengo un hermano, que llega todos los días a las 11 de la noche a mi casa, yo lo cuestioné para ver si era que yo que estaba errado o tal vez me había quedado atrasado en el tiempo”. Le pregunté: “¿Hermano, cómo puede ser que tú llegues todos los días a esta hora, si tú sales de trabajar a las 5 de la tarde? A lo que me respondió que lo que pasaba era que luego de sus labores se juntaba con los amigos a beber una birra o se iba por ahí con la novia y cosas por el estilo”. A continuación prosiguió diciendo: “Es que esta juventud de ahora no tiene la ingenuidad que teníamos nosotros a esa edad”. A lo que su interlocutor inmediatamente ripostó: “Mira ahora que tú me dices eso, cuando venía en el carro esta mañana pensé es que estamos viviendo una época que solo se nos vende sexo, sexo y más sexo. Vivimos en la “cultura del ay, ay, ay”. Obviamente, se refería al sexo promiscuo propio de los peores lupanares.
Grande fue mi sorpresa, al dar la vuelta para ver la reciedumbre de los tertulianos que con tanta propiedad y sin ser pedestres habían explicado de manera tan objetiva un fenómeno social, me encontré con dos gondoleros donde uno organizaba los envases y el otro le ayudaba a sacarlos de las cajas. Entonces comprendí, la sapiencia de nuestro pueblo y del ciudadano de a pie, como nosotros que nos pensamos eruditos vivimos a espaldas de una realidad. Triste realidad que nos toca a todos y que hemos contribuido por ser permisivos a las imperfecciones de la arquitectura social en que vivimos y está convirtiendo a nuestra juventud en delincuentes y criminales que viven a su libre albedrío apartados de toda perspectiva cristiana, honestidad y vocación al trabajo encarrilados por el camino de las descostumbres y que les limita la posibilidad de tener vidas largas, fructíferas y duraderas.

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