Haciendo un paralelismo mental es
por esta razón que prefiero pensar que el anuncio de que un aumento del ITBIS
será efectivo en enero se trata de un simple Oops. Particularmente, el ITBIS como instrumento
recaudador no me gusta, porque es un impuesto directo y elitista que afecta
mayormente a la base de la pirámide social y que incrementa la brecha existente
entre los de arriba y los de abajo. Si bien es cierto, que debemos avocarnos a
descubrir nuevas opciones para mejorar las maltrechas finanzas del gobierno, no
es menos cierto que estas no pueden recaer en extremo sobre los hombros de las
clases más desposeídas. Más de un
profesional de la ciencia lúgubre me dirá que el impuesto al consumo en República
Dominicana es uno de los más bajos de Latinoamérica, pero les recuerdo
que tenemos uno de los salarios mínimos per cápita más bajos también.
Considero un acto de buena fe,
contribuir a encontrar fórmulas de avenencias de forma tal que la carga
impositiva sea mejor distribuida en nuestra sociedad. Actualmente, existen “flujos financieros ilícitos”
en la mayoría de los países Latinoamericanos.
Es importante acotar que no me refiero al tráfico de drogas, armas y
personas, mucho menos a turbios intercambios entre magnates y mafiosos. Nada de eso!
Por el contrario, estos flujos financieros
parten de las multinacionales y del sector exportador-importador que aprovecha
el convencional sistema de "subfacturación comercial" para incrementar ganancias
y reducir obligaciones impositivas.
El mecanismo es simple y
sencillo. En una economía globalizada
donde un alto porcentaje del comercio se hace entre multinacionales, la
creatividad contable se encarga de inflar costos aquí y subestimar ganancias allá para optimizar sus
balances empresariales. En naciones en
desarrollo como la República Dominicana frecuentemente aquejadas por problemas
de financiamiento, se trata de sumas considerables las que se drenan en la
oscuridad. Para que tengamos un mejor entendimiento: Si
comparamos el intercambio comercial entre 2 países, tomamos las exportaciones
declaradas en el país A con las importaciones que recibió de esa nación el país
B al descontar el costo de flete y el seguro, si todavía persiste una discrepancia entre ambos
registros, lamentablemente deberemos de concluir <que existe Subfacturación.>
Creo que una economía como la nuestra más que ajustes lo que
necesita son estímulos a pesar de las adversas condiciones de las economías globales
que tanto nos afectan.
Creo que en los actuales momentos,
convertir esos flujos financieros ilícitos en ingresos impositivos seria de
gran alivio para las cuentas fiscales.
En cantidades muy superiores a las que se obtendrían de continuar
martillando sobre el poder adquisitivo de los que menos tienen.
El capital foráneo es vital para
nuestro desarrollo. Pero ese capital si
no está bien orientado y domesticado desde adentro, puede también constituir un
estrangulamiento. Puede dejar nuestras economías
anémicas.
Fue Paulo VI, el primero que
llamo la atención sobre este tema cuando dijo: “Bajo el impulso de los nuevos
sistemas de producción, están abriéndose las fronteras nacionales y se ven
aparecer nuevas potencias económicas, empresas multinacionales, que por la concentración
y la flexibilidad de sus medios, pueden llevar a cabo estrategias autónomas, en
gran parte, independientes de los poderes públicos nacionales y por
consiguiente, sin control desde el punto de vista del bien común.”
Prosigue el Papa.
“Al extender sus actividades,
estos organismos privados pueden conducir a una nueva forma abusiva de
dictadura económica en el campo social, cultural e incluso político.”
Creo que sobre estas huellas es
que nuestra política impositiva debe pisar sin importar que callos hemos de
lastimar.

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