Thursday, December 17, 2015

Reflexiones.

La sabiduría divina se ha encargado de diferenciar a los seres humanos de los demás que habitan en la tierra dotándolos de  capacidades  básicas que no les dió a otras especies como son: el disernimiento  y la inteligencia.   El disernimiento que nos brinda la oportunidad de diferenciar  que es bueno y que es malo.   La inteligencia que  nos brinda la oportunidad de saber hasta donde podemos asumir un compromiso pero al mismo tiempo, nos ayuda a comprender hasta donde  presionar a un semejante, sin tener un resultado que se reverse contra nosotros mismos.   La única forma de encontrar esa sabiduría es buscando a Dios, postrarnos en su frente y entregarle todas nuestras angústias y problemas diciéndole: "Señor, yo sólo no puedo, ayúdame y toma el control de todo!"

Es por lo antes expuesto, que veo como atinadas las palabras de nuestro presidente Danilo Medina cuando llamó a los dominicanos a acercarse más a Dios, como resultado, de los lamentables incidentes que enlutaran  a tres familias.    Es evidente, que este reprochable suceso fué precedido por desatinos de parte y parte que concluyeron en una tragedia que pudo evitarse con signos de sosegada prudencia y de sabia y lúcida circunspección.

Los medios de comunicación deben dejar descansar a estos muertos y sus familiares negándose a constituirse en parte gustosa de la comidilla en todos los mentideros del país.  En esta ocasión, estaríamos en justa condición de valorar el silencio como una contribución.  No repliquemos al célebre dramaturgo francés, Pierre Corneille en su frase que reza: "Hablando de nuestras desgracias las aliviamos."

De la misma forma, sería un absurdo el insensato propósito de ahora desatar torrentes de caos y venganzas entre estas familias que han quedado destruidas como resultado de este cruento enfrentamiento.

El problema de la violencia en nuestra sociedad no es un problema de forma sino de fondo.  Es que tenemos que hacer una reinversion de nuestros valores espirituales, que no se arreglan con reformas de leyes porque hasta una  palabra hiere y mata.  Es que tenemos que salir de éste diálogo de sordos y comprender que la sociedad dominicana require de una cirugía para estirpar un cancer más que de un calmante para soslayar un dolor.

No creo que exista un sólo dominicano, que se inspire en la buena fe, que no anhele vivir en una sociedad de paz, tanto como aborrezca aquella otra que se funda en el atropello,en las violaciones, en el frío desdén por la vida humana.  No decir lo que pienso equivaldria a desertar del cumplimiento de un ineludible deber ciudadano.

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