Hoy 25 de diciembre-Día del
nacimiento de niño Dios-al llegar el alba, me acerco a mi balcón. De inmediato, un silencio invade mis tímpanos que contrasta
con la estruendosa pirotecnia de la noche anterior. No se escuchan bocinas, ni el sonido del
motor del periódico que cada mañana me despierta lo que ha provocado que eche a
un lado el uso del despertador. Solo el
sonido de los pájaros se escucha, que celebrando la llegada de nuestro
salvador, parecerían volar en manadas hacia una gran celebración.
De repente, aterrizo de mi
surrealismo y me respondo a mi mismo: “Todos duermen, es por eso que parece
que amanecí en Suiza”. Pero a seguidas,
a mis neuronas ataca la siguiente pregunta: Porqué aunque estemos despiertos y a
pesar del que el mundo moderno nos impone diarias tareas, no actuamos como si estuviéramos
durmiendo? La respuesta: “La prisa”.
Tal vez no se ha meditado lo
suficiente para darnos cuenta que uno de los males que singularizan el espíritu
de nuestra época, reside en el contenido prurito de realizar cuanto se hace, a
toda carrera, a toda prisa, aprisa desatada y sin freno.
Los modernismos importados de
sociedades que aman la velocidad ha provocado que no hayamos estudiados a fondo
el amor que hemos adquirido los dominicanos por la premura y como esta ha
afectado nuestra psicología individual.
Hay síntomas muy claros y definidos
de las consecuencias negativas que en la vida cotidiana produce el
atropellamiento y la desatinada impaciencia como desatantes de enfermedades crónicas. Por lo pronto hemos desarrollado una “psicosis
por la velocidad”.
Salgo de mi casa camino al
trabajo y apenas entro a la vía pública me veo envuelto en un pandemonio de vehículos,
camiones y guaguas que no me dejan llegar.
Más adelante, al borde de la vía, me topo de manos a boca con un vehículo
nuevo, trocado en pura chatarra, en su interior un hombre que fue vigoroso yace
sin vida. Víctima de la prisa! Pretendió
llegar a la meta de una sola zancada, cuando con cuatro la hubiera alcanzado
sano y salvo.
Para escapar de mi realidad, tomo
el periódico para abstraerme, sin embargo, me hiere la sensibilidad, desmesurándome
mis pupilas por el horror cuando leo, tres cadáveres, que dejo tirado - al sol
y sereno- el sicariato. Triste y
macabra consecuencia de antagonismos entre personas que por ejercer actividades
ilícitas y un odio visceral, se ven compelidos a dirimir sus diferencias ante el orden jurídico
establecido y prefieren tomar la justicia en sus manos, atribuyéndose cualidades
que fueron solo conferidas a Dios. Para mi psique, el remedio resulta peor que
la enfermedad.
Y es que existe una solución estrecha
entre la manía americana por la velocidad y el creciente culto al
asesinato. El asesinato es una solución rápida,
un camino corto. Tengo un problema
intrincado con un semejante. Lo resuelvo
matándolo.
Cuántas vidas, que empujadas por
la prisa, se unieron en la flor de la edad para labrar un hogar, naufragaron en
un prematuro y desdichado divorcio! Decía
el famoso poeta español Juan Gil de Biedma: “El tiempo es lo único que mueve a
los peones”.
Después de todo, reflexionar es demorarse,
detenerse, pararse un poquito y levantar o hundir la cabeza o cerrar los ojos. Es el remedio
utilizado por los eruditos e inteligentes.
En mi último viaje a la ciudad de
Roma, me detuve a leer una tarja en frente de un edificio de barrio que rezaba
en cultísimo latín: “Témpera témpora témpore” que en castellano significa: “Dale
tiempo al tiempo.” Para el 2016, hago una humilde exhortación a
todos los dominicanos para que abracemos la cordura y abandonemos el estúpido afán
por la prisa. Feliz navidad a todos!

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