Wednesday, December 23, 2015

Otra vez Haití!


Cada dominicano, no importa el peldaño que ocupe, por obra de la suerte o de la injusticia, en la jerarquía social, tiene derecho y hasta imperativa obligación de manifestar su criterio y su parecer en cualquier tema que comporte  nuestras relaciones de convivencia con Haití.

Cuando este país parecía ya encausarse por los derroteros de la democracia representativa, sus instituciones vuelven a resquebrajarse  cuando el Comité Electoral Provisional (CEP) de Haití, aplaza indefinidamente la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.  Es una triste historia que como fúnebre estela, más que miseria, recuerdo de crueldades y desmoralización generalizada nos deja el siguiente mensaje: “Haití continúa siendo un país a la deriva”.

Verdaderamente, es una pena porque Haití tiene una historia tan dramática como admirable y respetable.  Sus hazañas por la libertad merecerían haber sido cantadas por un Homero o por un Virgilio pero Haití es pobre y el pobre no tiene dolientes.  En él abunda la miseria.  En Haití como en todo el mundo se encuentra de todo: sabios y analfabetos, salvajes y cultivados, supersticiosos y gentes entregadas a un cristianismo puro.  Haití tiene y ha tenido tiranos, que no han sido desemejantes en crueldad y rapiña, a los que hemos tenido en Santo Domingo.    

La inoculación de odios raciales, de rencores biológicos, ni es humana ni es cristiana.  Todo aquel que persista en esa actitud debería reconocer que es contemporáneo de los tratantes de esclavos.

Confío en que nadie vea en estos breves y rápidos apuntamientos reflejos de haitianofilia o tácita aprobación de la ilegal y pacífica afluencia de nuestros vecinos contra toda razón y derecho, a nuestro país.  Ningún dominicano puede aprobar eso.  A quienes les toca tenderle la mano al dramáticamente pobre pueblo haitiano son a los países altamente industrializados, opulentos que se ahogan en el bienestar de una sociedad de consumo.   De ellos es esta virtuosa tarea y no de la República Dominicana que ya estamos severamente castigados por la pobreza y el subdesarrollo.

La Republica Dominicana puede de manera transitoria canalizar e intervenir diplomáticamente para que este nuevo conflicto haitiano tenga una pronta solución.  Pero nunca que esto sea en detrimento de los supremos intereses de la Nación.

Sería un error de semántica calificar esta actitud de “patriotera”.  O se es o no se es dominicano!
 

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