Tuesday, December 1, 2015

Una Delincuencia Rampante.

Es navidad, tiempos de paz!  Sin embargo, no puedo callar.   Qué me molesta y me agobia?  El imperio de la violencia en nuestro agitado y agobiado país.   Todo se ha dicho y rehadicho, sin embargo, nada se ha logrado.   Al llegar al alba y leer los periódicos, si los esprimiera verterían sangre en  mi alcoba.    Parecería un verso de alguien fatalista, sin embargo al ver que me toma la hora para ir a mi trabajo y porque soy un creyente, solo me queda decir:  "Que Dios nos meta su mano!

Los últimos sucesos acaecidos, como los son el asalto a el fotografo Otto Viloria quien iba acompañado de su madre rumbo a la Universidad Autónoma de Santo Domingo y que fué herido de 4 disparos para robarle una mochila que cargaba donde tenía su computadora personal y su cámara de fotografía y que hoy se debate entre la vida y la muerte, solo constituye un simple acto de barbarie.    Pero qué decir del mozalbete policía que fue acribillado a tiros mientras caminaba en Villa Consuelo junto a dos amigos?  Así no paramos de contar porque más de la mitad de los hechos de violencia no salen en los medios.

Qué le vamos a decir a esas familias destrozadas por la "Delincuencia Rampante"?  De forma satírica y urgando en una extraña situación patológica:  Que únicamente le restaría buscar consolación en la insensata idea de que más vale un fin espantoso que un espanto sin fin.

Una profunda reforma policial se hace impostergable, pero no me refiero simplemente a un tema de sueldos ya que es justo decir que la Policia Nacional puede hacer más de lo que hace y que ese cuerpo necesita ser revitalizado para que acabe de cumplir con su misión específica.  Más bien, a lo que me refiero es a la tecnificación de ese cuerpo para que pueda realmente responder a las necesidades del país y para que sus servicios tengan la eficiencia necesaria, tanto desde el punto de vista del mantenimiento del orden público como desde el punto de vista de la protección debida a la ciudadanía y a la prevención y sanción de las actividades delictuosas. 

No hay un solo dominicano que no se sienta afectado de un modo o de otro por la contínua inseguridad en que vivimos.  En conversación con un amigo me preguntaba:  Será que la sangre tendrá que correr en cada una de las familias dominicanas, en los de arriba y en los de abajo, y que cada uno sintamos la pérdida de un ser querido para tomar acciones en este sentido?  Dios nos libre de todo mal!

Creo que el diálogo entre las fuerzas vivas de la nación se hace necesario para buscar una solución a este problema:  el gobierno, la oposición, los empresarios, los obreros, la sociedad civil en fin todos, debemos concurrir a la mesa de los inteligentes. 

No se me oculta, que lo que se sugiere tal vez paresca excesivo e inalcanzable y que bien pueden entrar en el género de buenas intenciones platónicas.  Sin embargo, creo que debemos comprender que nos estamos acercando al borde de una peligrosa crisis, que, de seguir así, se agudizaría y aumentaría en proporciones indominables.



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