Friday, February 26, 2016

El Buen Convite.


Caería en el gremio de los frenéticos intolerantes quien rehusase a aceptar que cada quien es dueño de expresar sus admiraciones y costumbres con el estilo que mejor le cuadre a sus sentimientos.

Sin embargo, me llama tanto la atención el divino gusto que los dominicanos han desarrollado por la gastronomía, que ha traspasado la singular frontera de preparar una buena comida, la afición al buen comer y el conjunto de platos y usos culinarios propios de lejanos lugares.  El término es más amplio porque ahora también incluye las bebidas, los utensilios y todo el bagaje cultural que gesta alrededor del arte de la buena mesa.   Y es que nos hemos constituidos en verdaderos “connoisseurs”, mucho mejor si va acompañado de un sommelier cuando a la hora de catar un vino queremos que nos haga un ensayo sobre el mismo desde la perspectiva del consumidor.

Por otra parte, importa que no nos engañemos.   Detrás de eso, lo que hay es un fenómeno social para sobresalir como gentes muy aireadas y viajadas, engolfados en el sentido estricto de despreciar el gusto por lo común o el mal gusto del populacho.  Un mordisco de esto y un bocado de aquello, hoy una cosa y mañana otra.  Una mezcolanza……..de acuerdo con Steven Fry, autoridad sobre tendencias de la moda y faro de la más exclusiva sociedad londinense.

Se va produciendo un deslizamiento de las costumbres de los grupos de élites que desdeña el chauvinismo gastrológico o todo lo que me sepa a cultura baja o  de masas.  Mientras el  faroleo se produce en esos caros y costosos ambientes, muchas niñas de sociedad, apoderadas de ese terror psicológico por unos kilos demás, apenas prueban una ensalada “light” con un agua carbonatada y se la pasan en saludos adulatorios que sonrojan a quien tratan de alagar.

A las afueras de “el buen convite”, aguardan los ciudadanos de a pie en espera de que al salir el faraón, les lance alguna migaja  que no pudo atragantar antes de abordar un lujoso coche.   Son los de la periferia que la sociedad no reconoce, ni que el político de turno se preocupa en buscarle un eficaz remedio.  Es aquel que solo quiere llevar pan a la mesa de su casa y  que sabe que ahí dentro está.    Es aquel  como un leve tumor nadie le atiende, ni se preocupa en buscarle una solución hasta tanto se manifieste en termino fatal de la vida, entonces podría ser muy tarde, si seguimos adornando con eufemismos nuestros males, porque cuando ese cáncer reviente anunciará el termino fatal de la vida.

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