Se hace curiosa y digna de estudio la devoción de los
dominicanos por asimilar culturas extraídas que, con lentitud, pero con perseverante
seguridad van desdibujando las notas
distintivas que caracterizan nuestro nacional modo de ser, sentir y pensar.
Decía Richard Mckay Rorty, un filósofo estadounidense, en relación
a los debates sobres costumbres sexuales, étnicas y religiosas que los “superricos”
tenían poco que temer. Haciendo alusión
a lo que él llamaba la “izquierda cultural” que acusaba de librar una lucha con sádica
animosidad frente a la ruptura de moldes culturales nativos de sociedades
desaventajadas. Según Rorty, el pecado
de este movimiento radica en haber borrado de sus preocupaciones públicas la
pobreza material y sobre atencional las desviaciones de minorías, así como ver
la diferencia entre estilos de vida como el fondo de la cuestión.
Rorty critica a la “izquierda cultural” por tratar todos los
aspectos de la desigualdad como si fuera una cuestión de diferencia cultural y
en último caso como consecuencia de las elecciones humanas, que después de todo
cuentan con la protección de los derechos humanos y la exigencia ética de la
tolerancia. Pero más aun prohíben todo
debate sobre los meritos de la diferencia, por muy serio, honestos y mutuamente
respetuosos que estos sean.
Jonathan Friedman les llamó “modernistas sin modernismo” a
los intelectuales que son entusiastas declarados de la transgresión del statu
quo y la reformulación de las realidades existentes.
Entonces yo me pregunto: Si este es un fenómeno que
socialmente ha sido explicado y estudiado, es que los dominicanos somos miméticos? Inclusive nos complace adular aquello mismo
que nos da gusto denostar.
No hemos contemplado como se desgañita Milly abogando por el
merengue, vencida y ahogada por la preferencia por el Rock and Roll?
Y no es que no se asimile y no se admire lo extraño pero hay
valores y costumbres eternas. Pero el
tema es rico, es cantera inagotable. Aquí
me detengo porque, si hay alguna cosa que viole los derechos humanos del
lector, es el intento de aburrirlo.

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