Al llegar la aurora, regularmente me salgo a ejercitar tratando
de que con el trabajo físico, las dopaminas aumentar. Al salir del zaguán, me quedo impávido ante un
pertinaz hedor. Me reviso los zapatos para
verificar si algún “vidrio ingles” pisé.
No vaya a ser que algún vecino distraído, el excremento de su mascota no
haya recogido. Pero todo parece normal
y pienso que el camión de la basura acababa de pasar.
A mi caminata comenzar, el mal olor me vuelve a golpear, esta
vez reviso mis axilas, pero pienso: “es que me acabo de bañar”. Al buscar
el cielo, ni los pájaros escucho cantar e inmediatamente empiezo a mirar a mis
compueblanos quejar. Y es que Santo
Domingo amaneció hoy imbuida en una mordaz pestilencia originada por las mismas
razones que días atrás una humareda nos arropó, donde los ilusos creímos que la
neblina del Valle de Constanza había bajado
a la ciudad, que los bienhallados pensaron que por Abbey Road paseaban emulando
la mítica tapa del álbum de los Beatles y que solo los de abajo descubrieron
cuando sus ojos con lagrimas les ardieron.
Qué circunstancias tan infortunadas y azarosas son estas,
como si Dios nos quisiera decir: “Ya que su corazón no me quieren abrir a
través de otros sentidos me van a percibir”. Día
por día y noche por noche vemos como se rompen las normas más elementales de la
convivencia humana y comienzan a imperar los barbaros desmanes que perfilan y caracterizan
la vida en las selvas. Desde un intruso
que nos enrostra la frase de Heráclito: “Destino es carácter” y como valiente no respeta el derecho a esperar en la
cola y tu turno quiere violar, hasta ver
la fatalidad de los enajenados mentales pulular, como si de
seres humanos no se tratase. Son
sentimientos contradictorios los que se sienten: desesperación, fe, soberbia y
que sin embargo se juntan naturalmente para describirnos un triste panorama.
Es que nos hemos convertido en una tierra de abyectos? Me niego a pensarlo. Pero de donde nos viene ese mundo humano,
universo en cuyo centro se halla ese personaje-mitad irrisorio mitad trágico-
que es el hombre. La libertad del siglo
XXI, es una verdadera libertad o la máscara de una nueva esclavitud? No sé.
Es hora de la recapacitación.
La Iglesia Católica y la demás denominaciones cristianas deben hacerse
eficazmente presentes en estos momentos.
Que no aguarden a que el fuego siga creciendo para que un día no nos
levantemos con cenizas en los ojos y una mordaz pestilencia que luego no se
pueda extinguir.
Perdón, se me olvidaba.
Podríamos cambiar el nombre de Santo Domingo por el de Duquesamingo?

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