Múltiples son los factores que pueden conllevar a que un ser
humano decida separar sus destinos de otro. Sin embargo, mueve a preocupación con la
facilidad que en la sociedad dominicana se asume este fenómeno que va en continuo
crecimiento y pasa por desapercibido sin
que nadie diga nada.
Desde los tiempos en que los famosos escogían a la República
Dominicana para realizar divorcios al vapor nos asomó a la cabeza, ni siquiera
a titulo de detener la explosión demográfica, que el separar a hombres y
mujeres a la luz de un relámpago, convertiría la disolución en una fecunda fuente de empleos y en rica
mina de divisas hasta llegar a jóvenes que se unieron en la flor de la edad
para labrar un hogar y que naufragaron en un prematuro y desdichado divorcio.
Y es que no es una casualidad que el Papa Francisco haya
tocado la llaga en el Sínodo de la Iglesia; la causa es que las cifras en
aumento son sencillamente alarmantes.
Según Bauman, el matrimonio tiene mucha similitud a lo que es
un péndulo. Los péndulos oscilan, y si
no fuera por la pérdida de energía que se produce en cada cambio de dirección,
no se detendrían nunca. Es lo que los físicos
llaman el “perpetuum mobile” un proceso autoperpetuante que recopila energía mientras
se expande.
Tal como ocurre con (la mayoría de?) los matrimonios, la
seguridad y la libertad no pueden existir una sin la otra, pero su coexistencia
no es fácil. La seguridad sin libertad
equivale al cautiverio, y la libertad sin seguridad instila una incertidumbre crónica
que amenaza con provocar un colapso nervioso.
Si a cualquiera de ellas se le negara el efecto redentor de su cónyuge
que la equilibra, compensa y neutraliza, tanto la libertad como la seguridad dejarían
de ser valores anhelados para convertirse en pesadillas de vigilia. La seguridad y la libertad depende una de la
otra, pero al mismo tiempo se excluyen mutuamente. Se atraen y se repelen en medida desigual, ya
que las proporciones relativas de estos sentimientos contradictorios cambian en
sintonía con las frecuentes (tan frecuentes como para constituir una rutina)
desviaciones del “justo medio”.
Cualquier tentativa de lograr un equilibrio y una armonía entre
esos deseos o valores suele ser incompleta, insipientemente satisfactoria,
demasiado inestable y frágil como para brindar un aura de certidumbre. La cohabitación de la libertad con la seguridad
nunca dejará de ser tempestuosa y sumamente tensa.
Como los dominicanos somos llamados frecuentemente a la mala interpretación
(incluyéndome a mi), quiero aclarar que mi escrito de ninguna manera se
constituye una crítica a los divorciados; muy por el contrario, este solo se circunscribe a un análisis arrastrado
por la preocupación como ciudadano que me nace sobre un fenómeno que está minando
la base imperativa de la sociedad: La familia.

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