Friday, January 15, 2016

Divorcios a toda marcha!


Múltiples son los factores que pueden conllevar a que un ser humano decida separar sus destinos de otro.   Sin embargo, mueve a preocupación con la facilidad que en la sociedad dominicana se asume este fenómeno que va en continuo crecimiento y  pasa por desapercibido sin que nadie diga nada.

Desde los tiempos en que los famosos escogían a la República Dominicana para realizar divorcios al vapor nos asomó a la cabeza, ni siquiera a titulo de detener la explosión demográfica, que el separar a hombres y mujeres a la luz de un relámpago, convertiría la disolución  en una fecunda fuente de empleos y en rica mina de divisas hasta llegar a jóvenes que se unieron en la flor de la edad para labrar un hogar y que naufragaron en un prematuro y desdichado divorcio.

Y es que no es una casualidad que el Papa Francisco haya tocado la llaga en el Sínodo de la Iglesia; la causa es que las cifras en aumento son sencillamente alarmantes.

Según Bauman, el matrimonio tiene mucha similitud a lo que es un péndulo.  Los péndulos oscilan, y si no fuera por la pérdida de energía que se produce en cada cambio de dirección, no se detendrían nunca.  Es lo que los físicos llaman el “perpetuum mobile” un proceso autoperpetuante que recopila energía mientras se expande.

Tal como ocurre con (la mayoría de?) los matrimonios, la seguridad y la libertad no pueden existir una sin la otra, pero su coexistencia no es fácil.   La seguridad sin libertad equivale al cautiverio, y la libertad sin seguridad instila una incertidumbre crónica que amenaza con provocar un colapso nervioso.  Si a cualquiera de ellas se le negara el efecto redentor de su cónyuge que la equilibra, compensa y neutraliza, tanto la libertad como la seguridad dejarían de ser valores anhelados para convertirse en pesadillas de vigilia.  La seguridad y la libertad depende una de la otra, pero al mismo tiempo se excluyen mutuamente.  Se atraen y se repelen en medida desigual, ya que las proporciones relativas de estos sentimientos contradictorios cambian en sintonía con las frecuentes (tan frecuentes como para constituir una rutina) desviaciones del “justo medio”.
 

Cualquier tentativa de lograr un equilibrio y una armonía entre esos deseos o valores suele ser incompleta, insipientemente satisfactoria, demasiado inestable y frágil como para brindar un aura de certidumbre.  La cohabitación de la libertad con la seguridad nunca dejará de ser tempestuosa y sumamente tensa.

Como los dominicanos somos llamados frecuentemente a la mala interpretación (incluyéndome a mi), quiero aclarar que mi escrito de ninguna manera se constituye una crítica a los divorciados; muy por el contrario,  este solo se circunscribe a un análisis arrastrado por la preocupación como ciudadano que me nace sobre un fenómeno que está minando la base imperativa de la sociedad: La familia.

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