Hemos de apreciar como un don inestimable el apreciado deber
de mantener incólume, el sosiego del mundo, desplegando esfuerzos cada día
mayores para que sean los cimientos y sillares en que descanse la tranquilidad y que
sea cada vez más justo, más humano y más
cristiano. Queremos la paz en el mundo! Desde la era de el mito de la “raza
superior” que se realizaban las primeras
deportaciones de los judíos a los campos de Dachau y Buchenwald que supuestamente se pensaba “extinguida” , los
alemanes han disfrutado de un sistema de justicia social que los ha llevado a
retomar su posición entre las grandes naciones de la modernidad. Sin embargo, resurge como el ave fénix desde
sus cenizas, el drama de los refugiados que llegan a
Alemania que atizonado por los sucesos de Colonia, parecería que los vestigios de la maquinaria exterminadora
del don de la vida, se volvieran a lubricar para volver a utilizar una y otra
vez sus intenciones genocidas.
Nadie que haya visitado la Catedral de Kolner Dom
(Catedral de Colonia), puede desconocer
las críticas que enfrenta la canciller alemana por su política a favor de los
refugiados. El jueves un político bávaro
llevó a la Cancillería un autobús con 31 refugiados para mostrar lo
sobrepasados que se sienten en muchos pueblos alemanes.
Es evidente que la líder europea está pasando por momentos
políticamente difíciles. Y esto ocurre
en el primer cuarto del siglo XXI en que los vientos de la liberación
–particularmente de la liberación de la discriminación racial- estaban mermando
y que ahora amenazan nuevamente con arreciar y volverse huracanados e
imparables.
La sagacidad de la veterana líder debe ponerse en manifiesto
antes que el alud de los refugiados se la lleve de encuentro:
Está el viejo y probado adagio de “divide y vencerás”, al que
recurren de buenas ganas las autoridades de todas las épocas apenas se sienten
amenazadas por una acumulación y concentración de quejas, resentimientos,
rencores tan variados como dispersos. Si
con solo lograr que todas las protestas no fluyeran juntas hacia una sola
corriente, lograr que cada categoría de oprimidos luche de manera singular,
separadamente y sin ayuda, entonces sería posible dirigir el flujo de las
emociones hacia diferentes escapes y dispersar la energía de la protesta en un
montón de particulares refriegas que de manera individual no representan
peligro. Lo que en un lenguaje sencillo
correspondería a decir: “Que esos vientos que no tumben cocos”.
Una vez logrado ese primer objetivo es el momento que la
poderosa canciller estaría en condiciones de erigirse en una moderadora
imparcial y presentarse como una defensora de la conciliación entre los intereses
grupales, evangelista de la convivencia pacífica y devota de terminar con la
animosidad, la xenofobia y de situaciones mutuamente destructivas. Por otra parte, al mismo tiempo, le infringe
una estocada mortal a los grupos políticos que le adversan, ya que no se constituye
en parte del problema sino de la solución, dejándolos en una posición de
desapercibidos.
Paralelamente, se le hace imperativo lanzar una estrategia para mantener la mente
del pueblo alemán ocupada en otras cosas.
Debates sobre costumbres y trivialidades de otras naciones. En fin, mientras sea posible distraerlos de su
propia desesperación con seudoacontecimientos creados por los medios, el
poderío hegemónico de la Merkel tendrá poco que temer.
Hoy los poderes globales usan una estrategia de distancia y
no involucramiento gracias a la velocidad con que pueden moverse, burlando sin
esfuerzo, escabulléndose fácilmente, dejándoles a los enfrentados la ingrata
tarea de esforzarse por lograr una tregua, sanarse las heridas y limpiar los
escombros. Pero sea cual fuera la
estrategia por el bien de la humanidad, nos exige a todos, sin discriminación
de personas o jerarquías, cordura en el pensar, no procediendo a la ligera;
prudencia en el actuar, no dándoles palos al avispero para de esta forma capear
con fortuna la tempestad de malestares que amenaza a el mundo actual.

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