Sunday, January 24, 2016

Libros más libros.


El ruido que resulta de los temas triviales en nuestra sociedad produce una cacofonía tan ensordecedora que una melodía adicional no hace  diferencia.  Así que hoy escribiré sobre la importancia de la cultura.  Es un tema que me llega de forma impremeditada pero al mismo tiempo de manera rotunda y radical. 

Como resultado de esos pensamientos que vienen de tarde en tarde y de cuando en vez,  quiero dejar a través de los puntos de la pluma, un deseo de que los dominicanos hagamos  conciencia sobre lo importante que es relacionarse con los libros.  Para eso qué mejor que la poesía?  La poesía no solo nos ungirá con el carisma de la cultura sino que también nos ayuda a integrar a nuestro espíritu lecciones permanentes de madurez  política, cívica y  moral;  modelada por un exquisito sorbo de probidad ciudadana.  Sería maravilloso ver nuestros arcádicos jóvenes en vez de  intercambiar fotografías en el instagram truecar libros de Shakespeare por los de Carlos Barral  o de Mallarmé.

Y es que  durante la juventud  es que se debe forjar ese hábito porque luego en el mundo adulto hay que empezar a pagar impuestos a la vida y poco es lo que  sobra para adiestrarse en la literatura.  Es que una lengua tan rica como el castellano nos permite la libertad de  aprender cosas de valor universal que con su conocimiento le pondrán al otro difícil  que nos pinten  temas al revés.  Como personas,  nos dará la oportunidad de precisar relaciones muy concretas con sujetos particulares.  Pero si no nos gusta la poesía entonces usemos la prosa, al final no importa el medio, lo que importa es  ampliar nuestro mundo mental.

Los dominicanos, en sentido general, ponemos poco interés a lo que es la “matización psicológica”.  Por lo mismo,  poco nos preocupa esa relación con lo curtido y pensamos que es un uso privativo destinado a pocos ejemplares o limitado a selectas clases sociales, cuando no lo miramos como algo pintoresco.

Debemos de cambiar esa forma de pensar, las raras veces que me he introducido - subrepticiamente por supuesto- en el fuero interno de un compatriota me topo con mentalidades esteparias que me recuerdan una similitud a esas casas de nuevos ricos con fragosos mobiliarios adornadas con un gusto atroz, que ni siquiera es gusto, en cuyas rígidas sillas nadie jamás se ha sentado y donde nadie jamás le ha dicho a alguien algo educado.   Con un gabinete lleno de libros que huelen a cajón de armario vacio y que esperan por los siglos de los siglos a las visitas que no llegan.  A quien se le ocurrirá llegar?  Ese limbo es un despidehuéspedes.

Hagamos mejor de nuestro mundo mental un humilde hogar someramente amueblado pero con un enorme jardín lleno de rosas y gladiolos de todos los colores y tamaños, que no falte una orquídea y mucho menos un clavel, que vuelen las mariposas acompañadas por los colibríes con una fuente grande donde beba el unicornio que convertirá en agua cristalina el alimento de nuestro espíritu.

La realidad es que la ignorancia no es culpa de nadie, más que de nuestra triste condición de subdesarrollo que nos carcome y que  tratamos de sustituirla por el estéril afán suntuario.  Así que llamemos todos a un solo coro: “ Libros si,  ignorancia no!”
 
 

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