El ruido que resulta de los temas triviales en nuestra
sociedad produce una cacofonía tan ensordecedora que una melodía adicional no
hace diferencia. Así que hoy escribiré sobre la importancia de
la cultura. Es un tema que me llega de forma
impremeditada pero al mismo tiempo de manera rotunda y radical.
Como resultado de esos pensamientos que vienen de tarde en
tarde y de cuando en vez, quiero dejar a
través de los puntos de la pluma, un deseo de que los dominicanos hagamos conciencia sobre lo importante que es
relacionarse con los libros. Para eso
qué mejor que la poesía? La poesía no
solo nos ungirá con el carisma de la cultura sino que también nos ayuda a
integrar a nuestro espíritu lecciones permanentes de madurez política, cívica y moral; modelada
por un exquisito sorbo de probidad ciudadana.
Sería maravilloso ver nuestros arcádicos jóvenes en vez de intercambiar fotografías en el instagram
truecar libros de Shakespeare por los de Carlos Barral o de Mallarmé.
Y es que durante la
juventud es que se debe forjar ese hábito
porque luego en el mundo adulto hay que empezar a pagar impuestos a la vida y
poco es lo que sobra para adiestrarse en
la literatura. Es que una lengua tan
rica como el castellano nos permite la libertad de aprender cosas de valor universal que con su
conocimiento le pondrán al otro difícil que
nos pinten temas al revés. Como personas, nos dará la oportunidad de precisar relaciones
muy concretas con sujetos particulares.
Pero si no nos gusta la poesía entonces usemos la prosa, al final no
importa el medio, lo que importa es ampliar
nuestro mundo mental.
Los dominicanos, en sentido general, ponemos poco interés a
lo que es la “matización psicológica”.
Por lo mismo, poco nos preocupa
esa relación con lo curtido y pensamos que es un uso privativo destinado a
pocos ejemplares o limitado a selectas clases sociales, cuando no lo miramos
como algo pintoresco.
Debemos de cambiar esa forma de pensar, las raras veces que
me he introducido - subrepticiamente por supuesto- en el fuero interno de un
compatriota me topo con mentalidades esteparias que me recuerdan una similitud
a esas casas de nuevos ricos con fragosos mobiliarios adornadas con un gusto
atroz, que ni siquiera es gusto, en cuyas rígidas sillas nadie jamás se ha
sentado y donde nadie jamás le ha dicho a alguien algo educado. Con un gabinete lleno de libros que huelen a
cajón de armario vacio y que esperan por los siglos de los siglos a las visitas
que no llegan. A quien se le ocurrirá llegar? Ese limbo es un despidehuéspedes.
Hagamos mejor de nuestro mundo mental un humilde hogar
someramente amueblado pero con un enorme jardín lleno de rosas y gladiolos de
todos los colores y tamaños, que no falte una orquídea y mucho menos un clavel,
que vuelen las mariposas acompañadas por los colibríes con una fuente grande
donde beba el unicornio que convertirá en agua cristalina el alimento de
nuestro espíritu.
La realidad es que la ignorancia no es culpa de nadie, más
que de nuestra triste condición de subdesarrollo que nos carcome y que tratamos de sustituirla por el estéril afán suntuario. Así que llamemos todos a un solo coro: “
Libros si, ignorancia no!”

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