Es que me quedo de boca abierta al ver los sacrificios que
hacen muchos por estar a la moda. I es
que tenemos que ver este fenómeno como lo que es: Un fenómeno social. La moda extrae su fuerza vital del deseo humano a distinguirse y de la renuencia a la
uniformidad, multiplica e intensifica justamente las divisiones, diferencias,
desigualdades, discriminaciones y desventajas que promete disipar y en última
instancia eliminar por completo.
La vida social es por
su propia naturaleza un engaño extraordinario.
Engaño porque es un fenómeno plagado de antagonismos y
contradicciones. Es un afán por obtener
un sentido de pertenencia en el seno de un grupo o una aglomeración, aparejado a un deseo de distinguirse de las
masas, de adquirir un sentido de originalidad; el sueño de formar parte de y el
sueño de independencia; la necesidad de tener respaldo social y la demanda de autonomía;
el deseo de ser como los demás pero con la búsqueda de la singularidad. En fin, es el temor a ser diferente acompañado
del temor por la individualidad.
La moda –dice Simmel- es una forma particular de vida que
procura asegurar una solución entre la tendencia a la igualdad en contraposición
a la tendencia de la singularidad. La
moda sumerge cualquier estilo de vida en un estado de revolución permanente e
interminable. Pero lo más grave es que
el fenómeno de la moda responde a la explotación humana por parte de los
mercados de consumo.
Muchos confunden la moda con el progreso. Porque el progreso deja todo atrás para
remplazarlo por algo nuevo, pero es un progreso que se asocia menos a la
esperanza de escapar del peligro que a una amenaza de la que uno debe de escapar. Es un progreso que avanza sin consideración de
nuestros deseos e indiferente a nuestros sentimientos. Como consecuencia, esto ha dejado de ser un discurso
que habla de mejorar la vida de todos para convertirse en un discurso de supervivencia
personal.
Escuchamos por ejemplo las noticias: Que la nieve va a estar
muy buena en Colorado este año, y nos mortificamos si por alguna razón no
podremos estar en el lugar de la gente que comparte aspiraciones con nosotros. Que salió el último modelo de tal jeepeta y pensamos que van a decir, si la que llevo es
del modelo pasado? Que pasaron de moda
los trajes de rayas finas que en la temporada anterior eran obligatorios,
pensamos ya no me lo pondré mas porque lo podrá usar cualquiera y así
sucesivamente.
En conclusión, no queremos ahogarnos, tenemos que seguir
surfeando: es decir, seguir cambiando, con la mayor frecuencia posible, el
guardarropa, los muebles, la pintura, la apariencia y los hábitos; en resumen
nosotros.
Es una responsabilidad exclusiva de cada uno de nosotros -una
vez la sociedad se ve arrastrada por los esfuerzos concertados e ingenios del
mercado de consumo- demostrar que somos personas capaz de resistirnos a un espejismo que solo
busca cambiar la esencia de nuestra propia identidad.

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