Monday, January 11, 2016

El enfermizo afán por estar a la moda.

Debería estar plagado de alguna ilusión platónica para llegarme a creer en mi intima convicción que alguien cede de buen grado y voluntariamente a los privilegios de que disfruta a placer aun estos estén plagados de todo tipo de agonías, sufrimientos, contratiempos y reclamos.

Es que me quedo de boca abierta al ver los sacrificios que hacen muchos por estar a la moda.  I es que tenemos que ver este fenómeno como lo que es: Un fenómeno social.     La moda extrae su  fuerza vital del deseo humano  a distinguirse y de la renuencia a la uniformidad, multiplica e intensifica justamente las divisiones, diferencias, desigualdades, discriminaciones y desventajas que promete disipar y en última instancia eliminar por completo.

 La vida social es por su propia naturaleza un engaño extraordinario.  Engaño porque es un fenómeno plagado de antagonismos y contradicciones.  Es un afán por obtener un sentido de pertenencia en el seno de un grupo o una aglomeración,  aparejado a un deseo de distinguirse de las masas, de adquirir un sentido de originalidad; el sueño de formar parte de y el sueño de independencia; la necesidad de tener respaldo social y la demanda de autonomía; el deseo de ser como los demás pero con la búsqueda de la singularidad.  En fin, es el temor a ser diferente acompañado del temor por la individualidad.

La moda –dice Simmel- es una forma particular de vida que procura asegurar una solución entre la tendencia a la igualdad en contraposición a la tendencia de la singularidad.  La moda sumerge cualquier estilo de vida en un estado de revolución permanente e interminable.  Pero lo más grave es que el fenómeno de la moda responde a la explotación humana por parte de los mercados de consumo.

Muchos confunden la moda con el progreso.  Porque el progreso deja todo atrás para remplazarlo por algo nuevo, pero es un progreso que se asocia menos a la esperanza de escapar del peligro que a una amenaza de la que uno debe de escapar.  Es un progreso que avanza sin consideración de nuestros deseos e indiferente a nuestros sentimientos.  Como consecuencia, esto ha dejado de ser un discurso que habla de mejorar la vida de todos para convertirse en un discurso de supervivencia personal.

Escuchamos por ejemplo las noticias: Que la nieve va a estar muy buena en Colorado este año, y nos mortificamos si por alguna razón no podremos estar en el lugar de la gente que comparte aspiraciones con nosotros.  Que salió el último modelo de tal jeepeta  y pensamos que van a decir, si la que llevo es del modelo pasado?  Que pasaron de moda los trajes de rayas finas que en la temporada anterior eran obligatorios, pensamos ya no me lo pondré mas porque lo podrá usar cualquiera y así sucesivamente. 

En conclusión, no queremos ahogarnos, tenemos que seguir surfeando: es decir, seguir cambiando, con la mayor frecuencia posible, el guardarropa, los muebles, la pintura, la apariencia y los hábitos; en resumen nosotros.

Es una responsabilidad exclusiva de cada uno de nosotros -una vez la sociedad se ve arrastrada por los esfuerzos concertados e ingenios del mercado de consumo-  demostrar que somos  personas  capaz de resistirnos a un espejismo que solo busca cambiar la esencia de nuestra propia identidad.

 

 

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