En los años 80, la lucha libre se
convirtió en un icono de popularidad.
Era la válvula de escape para olvidar la frustración económica y social que los
carentes de solemnidad utilizaban para deshacerse de su realidad. Fue
una década difícil marcada por el suicidio de un presidente, seguido por las
presiones económicas impuestas por el Fondo Monetario Internacional (FMI),
hasta terminar con el retorno del viejo caudillo. En
ella, el pueblo se identificaba con un espectáculo que representaba a los
buenos y los malos (técnicos y rudos) y desde los sábados a través de un
programa de televisión se convertía en un toque de queda con un rating de
audiencia que ningún otro programa de televisión podía igualar. Para terminar cada domingo con un peregrinaje
de masas hacia el Parque Eugenio María
de Hostos, donde la entrada para chavales y servidores a los cuerpos de milicia
era gratuita.
Para la élite, este deporte no era más que una farsa o vulgar. Sin embargo, contaba con miles de seguidores
que convertían a sus figuras en héroes.
Los movimientos sociales suelen tener un líder que representa la causa
que persiguen sus miembros. La cuadra
de Jack Veneno representaba los hombres de bien, mientras que la cuadra de Relámpago
Hernández representaba a los del mal. Jack
Veneno representaba el amor a la patria (usando trusa y capa con la insignia
tricolor), el amor a la madre al apodarse “el hijo de doña Tatica”, la valentía del hombre amparada en Dios,
cuando proclamaba que era “un hombre de pelos en el pecho” y se persignaba
antes de dar inicio a sus combates. Mientras por otro lado, su archirrival Relámpago Hernández era la fiel representación
del Maquiavelismo al hacer gala en sus actuaciones de aquella célebre frase
atribuida a el ilustre político y filósofo italiano Nicolás Maquiavelo, escritor de El Principe quien
encarcelado en San Casciano por conspirar en contra de los Médici, reza: “El
fin justifica los medios”. No
obstante, los dominicanos de entonces parecían
preferir evocar a Herman Busenbaum cuando escribió en cultísimo
latín: “Cum finis est licitus, etiam media sunt
licita” que en buen castellano significa: “Cuando el fin es lícito, también los
medios deben ser lícitos”.
Estos gladiadores que combatían
sin cesar con saltos mortales y hombres por los aires personificaban la lucha
del bien contra el mal donde tradicionalmente los de buena voluntad se imponían
a los planes de los mefistólicos. Desafortunadamente,
para 1995 ante la caída de los ratings y baja de popularidad la empresa que promovía
este espectáculo, hizo que la misma sucumbiera ante la inclemencia económica y
con ella terminaba una era en la vida de los dominicanos.
Hoy ante la disolución social que
vivimos, revivir estas válvulas de escape que nos alejen del naufragio del caos,
no es una perogrullada muy por el contrario, es un estimulo al cultivo de
costumbres de antaño que nos divorcian de los vicios y nos permiten pasar largos
momentos de sano esparcimiento para aullentar a las mentes enturbiadas que ya no disciernen
donde termina el derecho a la vida y donde irrumpe la más vulgar y grosera
delincuencia. Después de todo no solo de pan vive el hombre.


No comments:
Post a Comment