Me imagino que de niño soñabas,
Jugar por las estepas criollas,
bañarte en algún rio añorabas,
que te calmara las euforias.
Cuando la pubertad te sorprendió
el mundo te llevabas por delante,
pero el sentido común te avisó,
que tu tierra era de otros habitantes.
Que los dominicanos vivíamos alquilados
en la casa que nuestros antepasados compraron,
porque unos Monsieurs sin preguntarnos
desde el occidente cruzaron.
No te gustaba vivir hipotecado
y con un reducido
grupo te escondías,
a pensar como a los desalmados
desde tu casa echarías.
La empresa de la Trinitaria comenzaste
con poco capital para gastar,
pero que de tres en tres expandistes
para el proyecto de patria forjar.
Muchos fueron los que se te unieron
a la ideología deslumbradora que tenías,
bajo esa percepción te sonrieron
sin reconocer la posición que merecías.
Lo que ideaste y con tus manos labraste,
con cuidadoso celo cada detalle pensaste.
Hasta que la trompeta tocaste
avisándole a Mella que tronase.
A Sánchez le distes el manifiesto
que con ronca voz cantaría,
anunciándoles a los extranjeros
que su estancia caducaría.
Las espadas se desenvainaron
con una rapidez inigualable,
cuando los enemigos reaccionaron
la bandera observaron impecable.
Hasta el último de los invasores echasteis
con una valentía espigada,
que en botica no comprasteis
tu ideología que intimaba.
Cuando tu proyecto de patria concretaste
con un cantico los demonios acechaban,
esperando para arrebatarte
los honores que te adornaban.
A playas foráneas te desterraron,
mientras el salón se realquilaba,
donde moriste de sufrimiento
al saber que nuevos inquilinos llegaban.
Era un epígrafe que continuaría
con los hechos que se sucedieron
Y la patria castigaría
a los que nunca te reconocieron.
Con tu desaparición llegó la noche
y el olvido de tus brazos que nos sostenía,
que jalando un pesado coche,
la paz ha dejado en lejanía.

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