Wednesday, January 27, 2016

La tierra de los Zares y el nuevo orden mundial.


No hay que ser un erúdito ni muy perspicaz en temas de geopolítica para darse cuenta sobre las tensas relaciones que sobre llevan los Estados Unidos y Rusia.  La situación comenzó a agravarse a raíz de que Rusia interviniera en el conflicto de Ucrania dándoles apoyo a los separatistas del este.  La derrota del Ejército de Kiev en Debáltsevo, un punto estratégico que conectaba las dos zonas rebeldes, Donetsk y Lugansk llenó de humillación a los soldados ucranianos, apenas una semana después de haber firmado en Minsk (Bielorrusia) el segundo intento de paz en la región.  A raíz de este conflicto, Putin se mofó de la comunidad internacional al igual que  “Pedro El Grande” cuando de forma burlesca se refirió a las reuniones que realizaban los religiosos de su época como “el sínodo de los bebedores” en franca alusión a que solo se reunían para disfrutar del alcohol.  Se refería a los Boyardo.  Y es que múltiples son los factores de índole político, económico y social que Rusia alega  cuando dice: “que se reserva el derecho de defender sus intereses y a la gente rusoparlantes que vive allí”.  Pero exactamente a lo que se refiere Putin con su comunicado es a su interés por Crimea.

Crimea una pequeña región, en la parte meridional del país, que no es parte de Rusia legalmente pero lo fué.  El gobierno ruso ha estado interesado en Crimea principalmente por sus fértiles tierras y porque es el único acceso que tiene al Mar Negro.  Cualquier discusión sobre la importancia que Ucrania representa para Rusia está vinculada a Crimea donde   tiene  la Flota del Mar Negro.  La armada rusa tiene una base en la ciudad de Sebastopol, desde hace 230 años.  Los barcos y submarinos rusos que están en esa base, al norte de Turquía, pueden llegar al Medio Oriente y a los Balcanes con suma facilidad.  Pero en adición, cuenta con una intensa red de oleoductos donde el 40% del gas natural que consume Europa Occidental es ruso.  Es por esta razón y no por otra que Putin está resuelto a no ceder esa región a los  que buscan adherirla a la UE y promovió que el anterior gobierno de Ucrania cancelara un pacto con la UE, que le hace mantener a Crimea bajo su control.

 La reacción de la coalición occidental liderada por los Estados Unidos y UE no se hicieron esperar, primero comenzaron por la vía diplomática para hacer desistir a Putin de sus intenciones, pero después empezaron las sanciones económicas entre otras la negación de la UE de continuar comprando el gas ruso, la congelación de bienes rusos en el extranjero y el retiro de visados a líderes y hombres de negocios, incluso le amenazaron con bloquear el acceso al sistema financiero internacional a bancos e instituciones financieras de la federación.  Todo eso combinado provocó una estrepitosa caída del rublo (la moneda rusa) afectando enormemente  a la otrora Unión Soviética. 

Dada esta situación ha resurgido un nuevo orden mundial:  por un lado el bloque de occidente, liderado por los Estados Unidos y la Unión Europea y por otro lado el bloque del oriente liderado por Rusia, China e Irán.  

Otro elemento que ha irritado al Gran Oso Blanco es el caso Livitnenko (ex espía ruso) quien murió luego de ingerir una porción de té con polonio radioactivo al sostener una reunión con agentes de la KGB en un hotel londinense.  Un juez ha determinado que Putin pudo haber dado la orden para asesinar al ex espía quien había realizado duras críticas severas contra el jefe del Kremlin.

 El único común denominador que tienen estos bloques es su decidida guerra para acabar con el terrorismo.   En este punto, dos países constituyen la manzana de la discordia que provoca agrios antagonismos, por un  lado Siria y por otro lado Turquía.  En Siria, el régimen de Bashar al Assad cuenta con el apoyo de Rusia que le brinda soporte para que combata al el “Daesh”, el Estado Islámico (EI) o ISIS.  Al mismo tiempo, Rusia se queja de que Turquía colabora con el terrorismo porque como resultado del contrabando de petróleo por las fronteras de Siria e Irak, el EI se agencia grandes recursos económicos que los utiliza para financiar sus cruzadas yihadistas.  Lo que lo ha llevado a convertirse en un cuasi-estado.   Lo que alerta sobre el peligro que se corre ahondando en la idea de que EI quiere formar un califato desde Portugal hasta Pakistán.

 Por otro lado, los aliados de occidente, quienes no les gusta el régimen de Al Assad por considerarlo un dictador, de una manera indirecta han tenido que apoyarle, para poder destruir el foco terrorista en Siria.  Sin embargo, hasta el momento no han mostrado sanciones algunas contra Turquía por comprar petróleo contrabandeado por el “Daesh”.  Solo Rusia les acusa de ser colaboradores del EI.  Es importante resaltar, que hace unos meses un Mig-19 ruso fue derribado por Turquía cuando regresaba de una misión de combate desde Siria en contra los extremistas.

El ministro ruso de exteriores, Serguéy Lavrov en su anual rueda de prensa, recientemente dijo: “Me gustaría que EE.UU ‘reiniciase’ sus relaciones con todo el mundo, que el ‘reinicio’ sea común, que nos reunamos todos y volvamos a reafirmar nuestra fidelidad a la carta de la ONU, nuestra fidelidad a los principios expresados en esa carta, incluida la no intervención en los asuntos internos, el respeto a la soberanía y la integridad territorial así como el derecho de los pueblos a la autodeterminación”.

Dantéscamente,  el drama de los refugiados, la violencia, los intereses de las grandes potencias que no se ponen de acuerdo en el tamaño de sus apetencias lucrativas  parece que nos regresa a los tiempos de la "guerra fría" que solo nos hace dormir tranquilos si se cumpliera con el mandato de Inmanuel Kant en su obra  “La  Paz Perpetua” cuando en uno de sus epígrafes decía:  “No quiero que haya guerra entre nosotros; vamos a constituirnos en un Estado, es decir, a someternos todos a un poder supremo que legisle, gobierne y dirima en paz nuestras diferencias”.

 

No comments:

Post a Comment