Posiblemente será producto de la nostalgia, ya que allí la goleta en que viajaban mis
antepasados desde Cuba estuvo obligada a hacer aguadas como resultado de una
tempestad, que me desborda la consideración y bien fundados motivos por esa
hermosa ciudad.
Un panorama que siempre se ha asociado a el mar –ruta de
exportaciones y puertos del turismo- la montaña y el llano en una combinación de bellos paisajes que solo
puede nacer ante un ser libre que puede darnos o retirarnos su presencia cuando
la naturaleza creada por Dios es intervenida por la mano del hombre. Sería un error de juicio pensar que el
paisaje puertoplateño es simplemente decorativo, pura escenografía para el
deleite de la mirada; es la ex teorización, si queremos seguir la teoría de
Taine, de un espíritu colectivo que hay que promover y acrecentar.
Así el capital del Cibao, desplazándose, ha encontrado en los
altozanos, en los cerros y en las playas que se dilatan hasta Sosúa, un sitio
prometedor para fértiles inversiones, mientras se asoman al mar, levantando cómodas
viviendas veraniegas en las orillas de Cabarete.
Es mucho lo que el sector público y privado (local y foráneo)
ha invertido allí. Sin embargo, la noción
que Alain Touranine denominara el “multicomunitarismo”
al afirmar que la lealtad del individuo es una cuestión respondida de antemano
por el hecho irrefutable de pertenecer a una comunidad de origen ha resultado engañosa
en la ciudad de Puerto Plata, potencialmente perjudicial para la coexistencia y
la colaboración humanas. Gracias a ella,
las fuerzas globales pueden salir impunes de las consecuencias destructivas que
causan sus acciones tendientes a incrementar las desigualdades entre las clases
sociales. Es por esta razón y no por
otra que muchas de las inversiones que se realizaran en la tierra de Luperón no se
les permitiera brotar sus retoños por los derroteros de desarrollo y progreso,
en beneficio de los de arriba como de los de abajo, ante la mirada de espanto
de Isabel Torres.
Los Gobiernos cuentan con recursos legales para no aceptar
inversiones que no encajen dentro del marco de desarrollo de lo que es un polo turístico. De no hacerlo, estarían poniendo la iglesia
en manos de Lutero, a aquellos que se sirvan, como en un festín gratuito, con
la cuchara grande. Que hacía una planta eléctrica
vertiendo desechos residuales en cristalinas aguas de una hermosa playa convirtiéndola
en cloaca? Porqué los beneficios que ha
recibido esa región no se plasma en las capas sociales más bajas alcanzando
hasta el peón campesino? Que no se
descuenten de entre sus anhelos progresistas elevar el nivel de vida de los
menos dichosos porque de hacerse, esa ciudad se llenará de favelas llevándose por
delante la belleza que la naturaleza nos ha regalado.
Debemos dar garantías de la paz colectiva. De la
paz a que son acreedores, por sus eximias virtudes y su infatigable
laboriosidad, los irreprochables ciudadanos de aquella zona, que por el hecho
mismo de sus relevantes merecimientos son orgullo de este país.
*Dedicado a mi hija Daniella Hernández Casquero quien en una
labor filantrópica estuvo recientemente en la ciudad de Puerto Plata y me
relató su gran experiencia.

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