Tuesday, January 19, 2016

Puerto Plata: La novia del Atlántico.

Posiblemente será producto de la nostalgia,  ya que allí la goleta en que viajaban mis antepasados desde Cuba estuvo obligada a hacer aguadas como resultado de una tempestad, que me desborda la consideración y bien fundados motivos por esa hermosa ciudad.

Un panorama que siempre se ha asociado a el mar –ruta de exportaciones y puertos del turismo- la montaña y el llano  en una combinación de bellos paisajes que solo puede nacer ante un ser libre que puede darnos o retirarnos su presencia cuando la naturaleza creada por Dios es intervenida por la mano del hombre.  Sería un error de juicio pensar que el paisaje puertoplateño es simplemente decorativo, pura escenografía para el deleite de la mirada; es la ex teorización, si queremos seguir la teoría de Taine, de un espíritu colectivo que hay que promover y acrecentar.

Así el capital del Cibao, desplazándose, ha encontrado en los altozanos, en los cerros y en las playas que se dilatan hasta Sosúa, un sitio prometedor para fértiles inversiones, mientras se asoman al mar, levantando cómodas viviendas veraniegas en las orillas de Cabarete.

Es mucho lo que el sector público y privado (local y foráneo) ha invertido allí.  Sin embargo, la noción que Alain Touranine  denominara el “multicomunitarismo” al afirmar que la lealtad del individuo es una cuestión respondida de antemano por el hecho irrefutable de pertenecer a una comunidad de origen ha resultado engañosa en la ciudad de Puerto Plata, potencialmente perjudicial para la coexistencia y la colaboración humanas.  Gracias a ella, las fuerzas globales pueden salir impunes de las consecuencias destructivas que causan sus acciones tendientes a incrementar las desigualdades entre las clases sociales.  Es por esta razón y no por otra que muchas de las inversiones que  se realizaran en la tierra de Luperón no se les permitiera brotar sus retoños por los derroteros de desarrollo y progreso, en beneficio de los de arriba como de los de abajo, ante la mirada de espanto de Isabel Torres.

Los Gobiernos cuentan con recursos legales para no aceptar inversiones que no encajen dentro del marco de desarrollo de lo que es un polo turístico.   De no hacerlo, estarían poniendo la iglesia en manos de Lutero, a aquellos que se sirvan, como en un festín gratuito, con la cuchara grande.  Que hacía una planta eléctrica vertiendo desechos residuales en  cristalinas aguas de una hermosa playa convirtiéndola en cloaca?  Porqué los beneficios que ha recibido esa región no se plasma en las capas sociales más bajas alcanzando hasta el peón campesino?  Que no se descuenten de entre sus anhelos progresistas elevar el nivel de vida de los menos dichosos porque de hacerse, esa ciudad se llenará de favelas llevándose por delante la belleza que la naturaleza nos ha regalado.

Debemos dar garantías de la paz colectiva.  De  la paz a que son acreedores, por sus eximias virtudes y su infatigable laboriosidad, los irreprochables ciudadanos de aquella zona, que por el hecho mismo de sus relevantes merecimientos son orgullo de este país.

*Dedicado a mi hija Daniella Hernández Casquero quien en una labor filantrópica estuvo recientemente en la ciudad de Puerto Plata y me relató su gran experiencia.
 
 

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