Hemos cobrado los dominicanos el gusto extraño de hablar por
hablar, de escribir por escribir en las redes sociales? Gárrulos, hemos olvidado que la palabra es,
por definición y destino, vehículo del pensamiento e instrumento en que se
encarnan al vivo los sentimientos?
Si no nos entendemos los unos a los otros es porque parece que
utilizamos idiomas diferentes. Cada uno
es dueño de un rico laboratorio semántico en que troquela y acuña, a su mejor
conveniencia, los términos, otorgándoles un nuevo y lozano significado.
Escriba ud. Cualquier frase en las redes sociales y vera que es
como la luz que al tocar las aguas cabrillea y se refracta, adquirirá, en cada
uno de nuestros cirberamigos, los más
diversos sentidos y colores.
Para algunos usted se habrá declarado comunista. Otros, perdonándole magnánimamente la vida lo
calificará de “medianamente inteligente” y no faltará uno de avinagrado carácter
que entiende exactamente todo al revés de lo que quisiste decir estigmatizándote de demagogo,
oportunista, servidor de intereses y que además se atribuye de manera personal
cualquier posteo que hicieras cuando ni siquiera pensastes en él.
Se ha dicho que el dominicano no ha acertado nunca a cultivar
con éxito el arte de saber escuchar.
Desangrarse en palabras, forma una de sus delicias, si no es que pone en
eso el máximo de sus placeres. De todo
sabemos y de todo opinamos y no se te
ocurra dejarle la palabra, porque no la suelta.
Por esa razón, es que nuestros compatriotas navegan por las redes
sociales y se marchan con las mismas ideas con que llegaron. En fin, se declaran amo y señor de las ideas
y vocablos.
No se le pase a usted por la cabeza dar una opinión sobre algún
tema, inmediatamente aparece un contertulio que se da por aludido. Estar siempre broncos, saturados de
suspicacias, lleva a uno a los linderos de la paranosis, que nos hace perder el
contacto con la realidad.
He leído en alguna parte que hay caballos que se espantan de
su sombra y que, para remediarles el vicio, se les adiestra en caracolear a fin
de que piafando, pisen la proyección de silueta y se convenzan de su inanidad.
Qué pedagogo encontrará el método eficaz que nos redima de
nuestro perpetuo afán de pensar que cuando alguien escribe o sube una fotografía
en las redes sociales se refiere a tal o a cuál? Quién nos instruirá, con positivos efectos a
distinguir lo que va desde lo particular a lo general?
La única solución que se me ocurre es cumplir con aquello del
poeta: “Se tu mismo”. Así dejaremos por sentado que la palabra no
es para ocultar el pensamiento sino para revelarlo. Pero por eso dejar de escribir: Jamás.

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